Como dejar la heroina

Uso y abuso de heroina y opiáceos

La heroina y otros opiáceos son drogas sedativas que deprimen el sistema nervioso, ralentizan el funcionamiento del organismo y combaten el dolor físico y emocional. En general, los opiáceos como la heroina bloquean los mensajes de dolor, creando una sensación falsa de calma al hacer más lento el funcionamiento orgánico e incrementar las sensaciones de placer en el cerebro. Por tanto, el efecto más usual de la heroina es el sentimiento de relajación, calidez y desapego, junto a una disminución de la ansiedad. Algunos consumidores dicen que la heroina les hace sentir como si estuvieran flotando, invencibles, y otros dicen sentirse entumecidos. Estos efectos empiezan rápidamente y pueden durar algunas horas, aunque varían mucho dependiendo de la dosis y de la vía en que la heroina es administrada.

Causas del síndrome de abstinencia al intentar dejar la heroina y los opiáceos

Aunque el abuso de heroina tiende a disminuir en los últimos años, su prevalencia es aún más alta que en los años de la década de los 90, y se ha encontrado que en la actualidad hay un abuso significativo de heroina entre jóvenes en edad escolar. Por otro lado, su forma de consumo ha cambiado, ya que más que inyectarse, ahora se inhala o se fuma, por la errónea creencia de que así no se llega a la adicción, cuando en realidad los efectos metabólicos de los narcóticos, como la heroina, son los que hacen que esta droga sea altamente adictiva, independiente de su vía de administración.

La heroina se adhiere a los centros de eliminación del dolor del cerebro, conocidos como los receptores µ, y al sistema de recompensa cerebral. Los efectos inmediatos son la eliminación del dolor, somnolencia y sensación de bienestar. Pero con el uso prolongado de heroina, el cerebro deja de producir sus propios opiáceos (endorfinas y encefalinas) y empieza a confiar en que esta droga exógena maneje las funciones fisiológicas encomendadas en principio, a estas sustancias naturales del cerebro. Es decir, el organismo empieza a depender de la heroina para funcionar “normalmente”. Por eso, cuando se deja de consumir heroina después de un tiempo prolongado de uso el organismo, sin heroina y sin las sustancias naturales que ha dejado de producir durante el consumo, sufre alteraciones que son conocidas como síndrome de abstinencia a la heroina.

En definitiva, el organismo se ha acostumbrado a la presencia de la heroina (se ha vuelto dependiente) para activar el sistema de recompensa cerebral. Cuando cesa el consumo de esta droga, al dejar la heroina, ese sistema de recompensa carece de la sobreestimulación habitual y, por tanto, no es capaz de activarse. El resultado es el síndrome de abstinencia, lo más opuesto al placer, síndrome que se convierte en uno de los principales obstáculos para dejar la heroina y cuyos síntomas físicos hacen que muchos adictos vuelvan a buscar la heroina para no sentir ese malestar. De hecho, para muchos investigadores, el temor al síndrome de abstinencia es uno de los motivos centrales para continuar consumiendo heroina, junto al profundo y compulsivo deseo de droga que produce la adicción.

 

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